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Autor: Dr. Alejandro Narváez Liceras* 

Una de las facultades más importantes —diría la más importante— de cualquier presidente de los Estados Unidos es el poder que tiene para nombrar al jefe del banco central norteamericano (también conocido como Reserva Federal o Fed). En el ejercicio de esta facultad, Donald Trump nominó oficialmente, el 2 de noviembre último, a Jerome Powell como el nuevo presidente de la Fed. Si bien falta su ratificación por el Senado, se espera que Powell tome las riendas de la entidad financiera el 4 de febrero de 2018, para convertirse en el decimosexto presidente del banco más poderoso del mundo, en reemplazo de Janet Yellen, la primera mujer que lo dirige desde el 2014

La economía norteamericana sigue siendo la más importante del mundo y las decisiones que tome el nuevo presidente en materia de política monetaria tendrán impacto en el resto de economías. Puede sostenerse que, en términos de paridad del poder adquisitivo, China ha adelantado a Estados Unidos y el dólar ya no es la fuerza dominante de antes; pero por lo menos en la próxima década va a conservar su papel decisivo en la economía global, y el billete verde seguirá siendo la divisa de reserva internacional más importante. El conducto medular que trasmiten al sistema económico internacional las decisiones del banco central norteamericano es la tasa de interés de referencia de los Fondos Federales, a través de la cual fija su política monetaria.

El mecanismo más importante de política monetaria de la Fed son las Operaciones de Mercado Abierto, que consiste básicamente en la compra y venta de bonos emitidos por el Tesoro Público de los Estados Unidos. Cuando la Fed compra bonos, coloca dólares en el mercado de capitales, consecuentemente los bancos cuentan con más dinero y bajan las tasas de interés (no olvidemos que el dinero es una “mercancía” como cualquier otra, que no está al margen de la Ley de la Oferta y la Demanda, siendo su precio la tasa de interés: si hay más dólares su precio baja, y si hay menos su precio sube). En este escenario, los agentes económicos (familias, empresas y Estado) tienden a pedir más créditos para el consumo y la inversión, con lo cual se dinamiza el mercado y suben los niveles de empleo. En cambio, cuando la Fed vende bonos del Tesoro, recoge dólares del mercado, suben las tasas de interés y se desacelera el consumo y la inversión. Este mecanismo es realmente la clave de todo el proceso de expansión o contracción de dinero, y tiene su impacto directo en los ciclos económicos.

Cuando se produce un alza en la tasa de interés de referencia en los Estados Unidos (como viene ocurriendo actualmente), hay más flujo de capitales hacia ese país porque los inversionistas preferirán la mayor rentabilidad de sus inversiones en una economía que se percibe de menos riesgos. Consecuentemente los fondos comenzarán a escasear en las economías emergentes, donde los riesgos son mayores. Para evitar la fuga de capitales, los bancos centrales de los países afectados subirán su tasa de interés de referencia, sin embargo, el aumento del precio del dinero hará más costoso endeudarse, bajará el consumo, la inversión y el empleo.

Una de las críticas más severas que se le hace a la Fed es la discrecionalidad y el hermetismo con la que toman sus decisiones los miembros de la Junta de Gobernadores. Las juntas se llevan a cabo a puerta cerrada y los documentos se revelan con años de atraso. Los propios analistas de políticas económicas no tienen claro cuál es la lógica con la que la Fed toma decisiones. Las políticas de discrecionalidad provocan mayor volatilidad en los mercados financieros, debido a que los agentes tienen que “adivinar”, la mayoría de las veces con poca información, sobre el rumbo que ha de seguir la política monetaria del banco.

Los bancos centrales como la Fed, el Banco Central Europeo, el Banco de Japón, el Banco de Inglaterra, con su inmenso poder, son ciertamente instituciones financieras que gobiernan el mundo. Porque pueden crear dinero, financiar las necesidades de sus gobiernos, de sus fuerzas armadas, y todas las actividades empresariales, que no podrían funcionar sin un suministro oportuno de esa mercancía (el dinero), la más necesaria de todas. Es el dinero, no el amor, lo que hace que el mundo se mueva, y los banqueros centrales tienen el poder de crear o sacar de la circulación mucho o poco, según deseen y con la intención que se les ocurra. Es el tipo de poder que puede mover o destruir montañas. (Para ampliar más sobre este tema, puedes leer mi artículo: “Si la Fed estornuda el mundo se resfría”, en: www.alejandronarvaez.com).

La elección del nuevo jefe de la Fed, así como las decisiones que este tome una vez que asuma la dirección del banco el próximo 4 de febrero, tendrán repercusiones a nivel global y también, por supuesto, en la economía peruana. La política monetaria que impulse Powell puede afectar, en primer lugar, el precio internacional del dólar. Si sube la tasa de interés en los próximos días o meses, o decide vender los bonos del tesoro americano que compró la Fed después de la crisis financiera del 2008, subirá el precio del dólar a nivel global. Los agentes económicos (familias, empresas) con deudas en dólares deben estar atentos a las decisiones que tome el nuevo presidente de la Fed, y por supuesto a cómo los mercados financieros las interpreten.

Por último, un dólar más fuerte a nivel global también tiene su efecto en el precio de las materias primas (commodities) que producimos y exportamos. Ello podría poner un freno al aumento de los precios que viene dándose últimamente de los minerales peruanos, como el cobre, el zinc y el oro. Dada la importancia de la minería para nuestra economía, lo que ocurra con los precios de los minerales puede ser clave para la inversión privada, la generación de empleo y la recaudación tributaria en los próximos años. (Este mismo artículo fue publicado el 4 de diciembre de 2017).

*Sobre el autor

Dr. Alejandro Narváez Liceras
Docente Principal de Economía Financiera de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Director del Instituto Internacional de Economía y Empresa (IIEE).

Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Autónoma de Madrid – España. Máster en Auditoría Económica y Financiera por el Instituto Universitario de Administración de Empresas (IADE) de la Universidad Autónoma de Madrid.  Ha sido Director Ejecutivo del Fondo Nacional de Compensación y Desarrollo Social – FONCODES. Ex Presidente del Directorio de la empresa Petroperú S.A.  Director Gerente de Hidrocarburos Consulting y del Instituto Internacional de Economía y Empresa.

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